Medir un evento con éxito, no depende solamente del aforo

El coste o la falta de concienciación en la medición de eventos produce que continuemos realizando una valoración personal e intuitiva de los eventos que organizamos, basadas en aspectos cuantitativos y cualitativos.

El amplio abanico de stakeholders que manejamos en el ámbito público, dificulta la tarea de medición por encontrarnos ante un público muy amplio.

Uno de los ítems más complicados nuestra tarea como organizador de eventos es encontrar un sistema de medición de resultados. En la siguiente entrada, me gustaría poner sobre la mesa uno de los platos fuertes de nuestra industria y que todavía no hemos superado.

Es cierto que la tarea se nos está haciendo de rogar, debido a la complejidad técnica y económica que supone medir un evento. Especialmente porque hay miles de factores transversales que de un modo u otro, afectan al impacto que recibe el invitado cuando asiste a un evento, cuestión complicadísima de medir con precisión y exactitud.

El aforo y la valoración personal no sustenta la medición

Siendo honestos y realistas, creo que gran parte de nuestros eventos, los medimos a través de una valoración personal e intuitiva, basada en aspectos cuantitativos y cualitativos, como por ejemplo el número de asistes, las valoraciones que hayan hecho los asistentes a nuestros responsables a la salida del evento, o el mero hecho de que nadie se haya quejado por nada.

La vuelta a la tortilla, el lado positivo de las cosas

Es cierto que tenemos muchos deberes que hacer y hay que ponerse las pilas en este aspecto. Empezando con la visión estratégica de construir los eventos en base a objetivos medibles y cuantificables a través de KPI´s.

Pero para avanzar, hay que ir trabajando paralelamente, y no generar una actitud derrotista, tenemos que vender y dar a conocer las fortalezas del evento, y ponernos al mismo nivel que las herramientas hermanas de la comunicación de marketing, como la publicidad, las relaciones públicas….etc. ” herramientas igualmente sometidas a la dictadura de la medición, pero que realmente no han conseguido un método perfecto”.

Como organizadores de eventos, debemos de darle la vuelta a la tortilla, y mostrar las fortalezas que aporta el evento, y su rentabilidad global en factores como obtención de datos, el nuevo oro de las empresas, o el tan codiciado contacto directo con invitado.

En definitiva, es muy complejo medir el impacto emocional de toda y cada una de las personas que asisten a nuestro evento. Hoy en día, podemos apostar por neuromarketing, para los estudios previos de targets muy específicos, pero queda campo por recorrer. Especialmente para los profesionales como es mi caso del ámbito público en el cual el abanico de nuestros stakeholders es amplísimo.

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