Diseño escenográfico en eventos: mucho más que decorar, una herramienta de comunicación

La escenografía hay que plantearla como una herramienta estratégica. No es un decorado, es parte del mensaje. Y en un mundo tan saturado de impactos, todo lo que sea comunicar con elegancia y coherencia, suma (y mucho).

Imágenes extraídas de redes sociales Rotary Club Elche- Illice

Como organizadora de eventos, hay algo que con los años he aprendido a valorar como una herramienta silenciosa pero poderosa: la escenografía. No me refiero solo al escenario en su sentido físico, sino a todos esos elementos que, desde la iluminación hasta los colores corporativos, pasando por el mobiliario, la disposición en sala o el uso de pantallas, cuentan una historia sin necesidad de palabras.

Este mes he tenido la oportunidad desde mi puesto como responsable de eventos en TARSA, de organizar la celebración del 25 aniversario del Rotary Club Elche-Illice. Un acto solemne, elegante y cargado de simbolismo, en el que cada decisión escenográfica tenía una misión clara: proyectar los valores de la organización —compromiso, legado y comunidad— a través de los detalles.

La escenografía como espejo de la identidad corporativa

Desde el primer boceto, sabíamos que el azul debía ser el gran protagonista. No solo porque es uno de los colores corporativo del club Rotary junto al amarillo, sino por lo que representa: confianza, seriedad, compromiso. La iluminación fue clave en este punto. Un azul profundo bañaba el fondo del escenario, generando una atmósfera sobria pero cercana, que invitaba a la atención y al respeto por los premiados.

En un evento donde más de veinte personas subían al escenario para recoger un reconocimiento, la puesta en escena debía ser funcional pero cuidada. La pantalla principal fue un elementos esencial en la comunicación del evento. Gracias a la realización del mismo, proyectamos diferentes planos que aportaron dinamismo al evento, reforzando el protagonismo de los implicados en el escenario y multiplicando el impacto visual en una sala con aforo amplio.

Elementos pasivos, mensajes activos

Uno de los grandes retos en escenografía es conseguir que los elementos “pasivos” del evento —los que no hablan ni se mueven— comuniquen tanto como el mejor discurso. Y en este evento, lo conseguimos.

Un tótem lateral reforzaba gráficamente el mensaje del 25 aniversario con un diseño claro y moderno. El atril, personalizado con el logotipo y el lema del evento, se convirtió en el eje visual de la escena. A los laterales del escenario, dos banderolas que retroiluminamos para destacar sutilmente su presencia en el escenario.

Del diseño al montaje: cuando cada minuto cuenta

Una escenografía bien planteada nace en papel, pero se valida en el montaje. En el caso del 25 aniversario del Rotary Club Elche-Illice. Coordinamos con antelación la llegada de todos los elementos gráficos. Cada proveedor tenía su ventana horaria para montar sin entorpecer al siguiente. La iluminación técnica requería pruebas con los discursos ya marcados, para asegurar que cada plano estuviera bien enfocado tanto para la audiencia presencial como para las fotografías oficiales.

Uno de los momentos más delicados fue el ajuste de la realización en directo. La pantalla debía estar perfectamente centrada y sincronizada con el atril, para que los planos del orador se integraran visualmente sin eclipsar a quienes lo acompañaban en el escenario. Este equilibrio entre lo técnico y lo estético es lo que muchas veces marca la diferencia entre un acto correcto… y un acto memorable.

También prestamos atención a los elementos menos visibles, como las marcas en el suelo que guiaban a los protagonsitas del acto y así confirmar que estos se colocasen correctamente, o la organización del backstage, con cada obsequio numerado y alineado según el orden de entrega. Esa parte del montaje es casi invisible al ojo del invitado, pero absolutamente esencial para la fluidez del acto.

Iluminación, ritmo y protocolo escenográfico

La luz no solo se usa para ver, también se utiliza para emocionar. Y eso lo aplicamos desde el minuto uno. Las luces más intensas acompañaron los momentos de discurso y entrega, mientras que las más suaves permitieron el aplauso, el reconocimiento y las fotos desde sala. La iluminación, lejos de ser solo técnica, aquí fue emocional.

El protocolo también fue escenográfico. Cada movimiento estaba pautado y ensayado para que el evento fluyera. Y esa coreografía sutil de personas, luces, palabras y silencios es, en esencia, escenografía pura.

Reflexión final

Quienes trabajamos en eventos sabemos que muchas veces, lo que mejor funciona es lo que pasa desapercibido. Pero cuando ese “invisible” se planifica con intención, diseño y estrategia, se convierte en un gran comunicador.

La escenografía como una herramienta estratégica. No es un decorado, es parte del mensaje. Y en un mundo tan saturado de impactos, todo lo que sea comunicar con elegancia y coherencia, suma (y mucho).

Mi más sincero agradecimiento a mis compañeras de Tarsa y al Rotary Club Elche-Illice por darme la oportunidad de formar parte de una celebración tan significativa como su 25 aniversario. Es fantástico aportar mi experiencia para dar forma a momentos que dejan huella.

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